“No le tengo miedo a nadie, y menos en mi casa”. La frase, pronunciada con la contundencia de quien conoce de sobra el terreno que está pisando, resonó en cada rincón de la casa más vigilada del país. Era cerca de la medianoche del lunes cuando Juliana Furia Scaglione cruzó una vez más el umbral de Gran Hermano 2025 (Telefe), envuelta en un aura de victoria, con el Golden Ticket en la mano y un pasado que la impulsaba, como un vendaval, hacia su revancha personal.
Los concursantes de esta edición la miraban atónitos. Algunos intentaban disimular el temblor en la voz, otros fruncían el ceño, dispuestos al choque. Ella, en cambio, avanzaba segura, como si nunca se hubiera ido. Caminaba con esa energía inquietante que la había convertido en un fenómeno el año anterior. A su lado, también tenía a Cariño, el reno de telgopor que había sido su fiel compañero durante su paso por su primera participación en Gran Hermano.
La escena tenía algo de rito: la exiliada que regresa, la luchadora que vuelve a la arena. Pero esta vez, la espera cargada de pólvora apenas duró unos minutos.
«Ahora es mi casa, mami“, no dudó en plantarse Eugenia Ruiz, mirándola directo a los ojos, con una furia que quiso hacerle honor al apodo de la recién llegada.