Axel Kicillof no asistió al banderazo que el kirchnerismo organizó el sábado en Parque Lezama para reclamar por la libertad de Cristina Kirchner y se volvieron a alejar las expectativas de una tregua. La convocatoria tuvo a Máximo Kirchner como único orador y se transformó en una nueva demostración de fuerza del sector que responde a la expresidenta, en momentos en que el gobernador bonaerense intenta consolidar una construcción propia con proyección nacional.
Aunque no sorprendió, la ausencia terminó de despejar las dudas que habían aparecido en las últimas semanas. El trabajo conjunto entre dirigentes de La Cámpora, la Provincia y el municipio de Avellaneda para el homenaje al Indio Solari había alimentado especulaciones sobre una eventual recomposición del vínculo, pero el acto del sábado mostró que las diferencias de fondo siguen intactas. La crítica de Máximo Kirchner a quienes hablan de unidad, pero no visitan a Cristina Kirchner en su prisión domiciliaria de San José 1111, se leyó como un mensaje directo al gobernador.
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Detrás de esa disputa aparece una discusión más amplia sobre quién conducirá al peronismo en los próximos años y de qué manera se definirá la candidatura presidencial para 2027.
CFK en el centro de la estrategia kirchnerista
Las reuniones que Cristina Kirchner mantiene con dirigentes, legisladores y referentes políticos en su domicilio de Constitución se convirtieron en uno de los principales ámbitos de discusión del kirchnerismo. Por allí pasan habitualmente dirigentes de distintos sectores del peronismo, mientras la expresidenta conserva un rol central en las definiciones estratégicas de ese espacio.
En ese marco se inscriben las declaraciones que Máximo Kirchner viene realizando sobre una eventual candidatura presidencial de la exmandataria. El kirchnerismo busca reafirmar que sigue siendo la única dirigente con capacidad para ordenar al peronismo.