Diego festejó en el Bosque

Remolón. Le costó tanto como cuando los purretes se desvelan con la Playstation y al otro día deben madrugar para llegar antes del inescrupuloso timbre escolar de las 7.15. El Lobo dio vueltas en la cama desde que comenzó 2020 hasta el encuentro de la semana pasada contra Independiente. Ese festejo por el gol de la Perla Ramírez en Avellaneda significó un balde de agua fría en la cara del Tripero, un zamarreo violento que lo trajo de vuelta a la realidad y lo sacó de un mundo onírico que lo estaba llevando directamente a la Primera Nacional.

Y Gimnasia se despertó para comerse a todos. El desahogo en el Libertadores de América trajo consigo un triunfo entresemana por Copa Argentina y el de ayer frente a Atlético Tucumán con el gol decisivo del Caco García. Clave porque significó la primera vez que los platenses ganan dos al hilo, porque espantan los fantasmas del Bosque a los que el Diego pidió exorcizar “con un crucifijo” y, fundamentalmente, porque la salvación ya no suena a utopía.