Cristina Kirchner presentará este jueves su libro, Sinceramente. Será un hecho político para coronar la movida que arrancó con la difusión de algunos adelantos, siguió con un muy fuerte nivel de ventas y tal vez quede registrada como primer acto de campaña, en la Feria del Libro. Se verá. Por lo pronto, resulta comprobable que, tal como dijo la ex Presidente, el texto no es estrictamente una autobiografía. Más bien podría ser definido como un autorretrato, especialmente por el modo de pintar su propia concepción y práctica de poder, un espacio casi personal que subordina todo, desde el Estado al propio peronismo.
La ex Presidente ya había dado pistas del perfil del libro con la selección de unos pocos párrafos para la venta inicial. Fueron anticipadas algunas anécdotas y varias líneas dedicadas a las causas judiciales que más parecen preocuparla, englobadas todas como parte de una maniobra de persecución contra ella y su familia. Eso era parte previsible del libro. Más notable de entrada, aunque superado por otros tramos más atractivos como relato, es el papel que se asigna de hecho en esta etapa política.
Las referencias ácidas sobre Mauricio Macri eran esperables. Pero no tanto el término elegido para descalificarlo y el remedio que imagina para –está implícito- suministrarlo en su eventual retorno. Dice que Macri es el «caos» y enfatiza que «hay que volver a ordenar la Argentina». Casi siempre en la historia política, la idea del «orden» para enfrentar el «caos» está asociada directamente al concepto de «restauración». Tal vez ese sea el mensaje, en espejo con la ausencia de renglones que insinúen replanteos personales de fondo.
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Con todo, en el libro se suceden hechos más o menos públicos, pero con el sello CFK menos conocido por su intimidad y narrado en primera persona. Uno de los más impactantes posiblemente sea el de la coronación de Amado Boudou como vice en la fórmula de 2011. La sorpresa de aquel anuncio frente a funcionarios, dirigentes y la propia familia presidencial es recordada porque dejó fuera de carrera a otros que parecían correr con chances, según los atributos que se destacaban entonces: Juan Manuel Abal Medina, cara joven y con discurso político bien articulado, y Carlos Zannini, soporte ideológico y de lealtad sólida.
La decisión fue exclusivamente individual. Así fue presentada: una determinación propia en la que no merecían consideraciones la consulta o al menos el sondeo con sus propias estructuras políticas. En definitiva, la sorpresa resultaba entonces la expresión del alineamiento vertical. Pero lo que no se conocía era, según cuenta la propia ex Presidente, con quién había consultado previamente el tema: su hija Florencia.
Todo ocurrió, según narra ahora, durante los días de una visita a Emiratos Árabes y Qatar. Dice que le preguntó directamente a su hija a quién tendría que elegir como compañero de fórmula, y que ella no contestó de inmediato sino un par de días después: «Tu candidato a vicepresidente tiene que ser Amado Boudou». Florencia estaba entre quienes aplaudían cuando Cristina sorprendió a la propia platea.