En poco tiempo será época de un nuevo año escolar, debiendo los niños y adolescentes cumplir con el rutinario apto físico, un certificado solicitado para tener un registro de su estado de salud al momento de comenzar las clases y determinar si puede o no participar en las clases de educación física. Del mismo modo, los principios se rigen para una institución deportiva o gimnasio.
1. Evaluación clínica cardiológica: es el examen principal. Incluye un interrogatorio sobre antecedentes familiares y personales con evaluación de eventuales factores de riesgo, y un examen físico cardiovascular detallado. Esto permite obtener un panorama inicial de eventuales riesgos ante el deporte. Para los gimnasios de la Ciudad de Buenos Aires, lo exige la Ley 139/1998.
2. Para los escolares se suma una consulta oftalmológica, además de una eventual audiometría y un control bucal y antropométrico.
3. Electrocardiograma de reposo: permite la detección de alteraciones eléctricas, arritmias, modificaciones que sugieran la presencia de enfermedades del músculo cardíaco, trastornos de la conducción eléctrica.
4. Ecocardiograma: a través de este se analiza el tamaño del corazón (cavidades y paredes), forma de contracción, estado de las válvulas.
5. La ergometría de 12 derivaciones consiste en hacer un esfuerzo a partir de ciertos protocolos, controlando a la persona con un electrocardiograma en forma permanente y tomando la presión cada 2 o 3 minutos. Permite obtener datos sobre la respuesta del corazón al esfuerzo intenso (igual o superior al ejercicio que se va a practicar) con eventual diagnóstico de isquemia (falta de llegada de sangre al corazón por enfermedad de las arterias coronarias), arritmias, hipertensión arterial al esfuerzo.