Beccacece trata de aplacar los ánimos, pero el clima sigue tenso

Beccacece salía de la sala donde acababa de dar su versión sobre lo ocurrido el domingo pasado en el vestuario de Independiente durante el entretiempo del encuentro ante Lanús. También de confirmar su consecuencia inmediata: la sanción interna de dos partidos sin jugar a Pablo Pérez. Dio apenas unos pasos y vio que el volante lo esperaba en la puerta de la cafetería en la que almuerzan los futbolistas. Todo sucedió muy rápido. Pérez sonrió, le pasó el brazo sobre el hombro a su entrenador, bajaron la escalera en caracol y así, abrazados, se perdieron rumbo al estacionamiento del predio de Villa Dominico.

El día y medio de furia, desconcierto y rumores que vivió el Rey de Copas quiso enseñar un final feliz y armónico entre el conductor que impone un castigo y el subordinado castigado que aparenta aceptarla. La imagen, un tanto surrealista, no evitó las sospechas: ¿de verdad todos pasaron página después del momento de descontrol que provocó el mediocampista el último domingo?

«Pablo se lo tomó muy bien, pidió disculpas y fueron aceptadas. Tengo un vínculo extraordinario con él, lo adoro, pero cometió un error, nada grave, y como líder debo tomar una decisión que sea la más justa y conveniente para el colectivo», había dicho Beccacece en una conferencia de prensa corta y contundente. Un cuarto de hora en el que contestó cada pregunta con gesto tenso, intentó desdramatizar lo sucedido, afirmó no imponerse plazos de continuidad al frente del equipo y negó con énfasis que Nicolás Domingo también haya sido apartado de las convocatorias: «Es algo que definiré el viernes», subrayó.